Fecha: 22-09-17

*El sismo y la palabra mágica, Solidaridad.

Por: Juan ANTONIO TORRES
 
 

                                                          Nadie podrá poner en tela de duda, que en las dos ediciones de los terremotos que sacudieron a la capital del país, tanto el de 1985, como el de 2017, si alguna palabra ha cobrado una especial notoriedad y relevancia entre los mexicanos, ha sido la palabra, Solidaridad, así con mayúsculas.

                                                         Más allá de las clases sociales, más allá de las cuestiones de partido, más allá de muchas cosas, incluso hasta de perder la vida, los habitantes de la gran metrópoli, se han destacado por su increíble entrega, su pasión por rescatar a muchos seres humanos que se quedaron atrapados entre toneladas de escombro, incluso ante el riesgo de perder la vida, enfocarse en llevar agua, picos, palas, lámparas, toallas, comida, medicinas, en los centros de acopio, para atender la contingencia sísmica que hasta hoy, le ha costado la vida a casi 300 personas.

                                      Dar pues, un ejemplo al mundo, de cómo los mexicanos, salieron a las calles cubiertas de polvo, de olor a tragedia, de la capital de la Nación, para rifársela por sus hermanos caídos en desgracia.

                                    En estos tres días, después de ocurrido el sismo, han pasado a un segundo término los enfrentamiento políticos entre partidos y dirigentes, la gente quiere ayudar, quiere servir, quiere tender la mano, a los y a las personas que el temblor de 7.1 grados en la escala de Richter, del pasado 19 les arrancó, hermanos, (a) esposa,(o) hijos, así como sus patrimonios que habían forjado a lo largo de una vida.

                                     Da gusto en comparación a los que vivimos el temblor de 1985, que, en esta ocasión, tanto el gobierno, como la ciudadanía se han coordinado para tratar de salvar el mayor número de vidas humanas. De los edificios, de las casas, de las escuelas, más tarde habrán de levantarse una vez más. Lo material se puede recuperar. Las vidas humanas nunca.

                                     Es definitivo señalar, mejor dicho, subrayar como independientemente del miedo, la impotencia y de la angustia, estas tres palabras han tenido que convivir con la fe, la esperanza y la caridad, para levantar el ánimo social, entre tanta desgracia, que nos cobra el destino una vez más, sí, una vez más, para hacernos recordar que el 19 de septiembre se quedará como una marca indeleble por muchas generaciones, quizás por siglos.

                                     Resultó por demás emotivo ver cómo a la tropa civil, hizo equipo con las corporaciones de la Marina, del Ejército, de la Gendarmería para empezar a remover escombros, toneladas de concreto, que cegaron la vida de niños, de maestras, enfrentar pues la fuerza de la naturaleza, el poder de un durísimo terremoto que en fracciones de segundos le cambió el rostro a colonias completas como la Roma, La Condesa, la del Valle, Xochimilco y Tlalpan.

                                                Tres décadas después se repitió la historia, una historia de dolor, de muerte, de sufrimiento, y en la misma ciudad, y tal vez con la misma gente.

                                               Por fortuna las redes sociales probaron una vez más su eficacia, así como las lecciones pasadas, para no cometer los mismos errores de 1985, cuando los ciudadanos le demostraron al gobierno del hoy extinto, Miguel de la Madrid, que había sido rebasado por su indiferencia ante la peor catástrofe que hemos sufrido los mexicanos, cuando se perdieron por lo menos 10 mil vidas, sino es que muchas más.

                                                    En esta ocasión, los miles de mexicanos no tuvieron que esperar a qué Peña Nieto, o el jefe de gobierno de la Ciudad de México, les dieran la voz de arranque, para nada, cundió la iniciativa de cooperar, participar, apoyar, ayudar, en el rescate de víctimas que lograron salvar su vida, como muchos otros no, que no tuvieron esa suerte.

                                                  Es maravilloso ver cómo, cuando un pueblo se une puede hacer muchas cosas aún sin el apoyo del gobierno.

                                                 El tejido social, ya se percató que la unión hace la fuerza, y que, si se decide, no habrá poder humano que lo detenga para demostrarle a los políticos que cuando el pueblo sale a las calles pueden pasar muchas cosas, incluso sacar a los políticos transas y corruptos de los palacios de gobierno, cuando traicionan la confianza de sus conciudadanos…

                                             La muestra la han puesto no sólo los defeños, sino también los de Oaxaca, Chiapas, Puebla, Morelos y Tabasco.

                                              Qué bueno que EPN, Miguel Ángel Mancera, se han puesto las pilas, para no desentonar con la febril participación de sus gobernados, que ya no quieren tanto rollo, tanta politiquería, sino una labor humana, despojada de tanto maquillaje partidario, que no sirve para maldita la cosa.

                                             Solidaridad, una palabra que debe resaltarse con letras mayúsculas.

                                             De la cual nadie nos va a enseñar nada.

POSDATA.

A querer o no, ha cundido la propuesta que hiciera AMLO, de pedirle al INE, donde manda, Lorenzo Córdova, que de los 6 mil 800 millones de pesos que habrán de repartir entre los diferentes partidos políticos para los comicios del 2018, que el 20% de estos recursos sea destinados para las labores de reconstrucción en Oaxaca, Chiapas, Tabasco, sino también en la Ciudad de México, Puebla, Morelos. Si Enrique Ochoa, del PRI; Ricardo Anaya del PAN; Alejandra Barrales del PRD, así como Dante Delgado de Movimiento Ciudadano, creyeron que no iba a pasar nada, se han equivocado terriblemente. Ya prendió. Por lo pronto en Chihuahua, de los 32 diputados locales, 31 dijeron ¡Adelante! Un detalle que le dará muchos votos al de Tabasco…

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