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Mobirise
 

20-10-2019


*La fuga de Ovidio Guzmán, exhibe a la Sedena, y la GN.
*López Obrador, “vamos muy bien” responde ensoberbecido.
*La renuncia obligada de Alfonso Durazo, es un clamor…

Juan Antonio TORRES

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ANDES MANUEL LOPEZ OBRADOR

Lo que pudo haber significado un golpe de autoridad, con la captura de Ovidio Guzmán que ya habían consumado por pura casualidad, las fuerzas armadas de la Sedena y la misma, Guardia Nacional, en Culiacán, Sinaloa, se convirtió tal vez, en el episodio más lamentable y bochornoso del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, a poco menos de un mes y medio de cumplir el primer año en el ejercicio de su mandato constitucional.


Lo que empezó a darse conocer en las redes sociales y en los medios electrónicos en relación a la presencia de convoyes de camionetas atestadas de pistoleros y sicarios recorriendo las calles citadinos de la capital sinaloense, que con su poder de fuego habían puesto de rodillas a los tres niveles de gobierno, así como a todos los ciudadanos de esa urbe, era propio de una película de terror, pero que por desgracia, era la triste realidad, lo que se estaba viendo en vivo.


La realidad, estaba superando a la ficción.


Y es que la detención de Ovidio, uno de los hijos de Joaquín Archibaldo “El Chapo” Guzmán, que se había logrado antes del mediodía del pasado jueves, por efectivos de la Defensa Nacional y la recientemente creada, Guardia Nacional, generaría en cosa de minutos el caos, el terror, el pánico entre los habitantes de Culiacán, que se convirtieron en rehenes del hampa organizada, que encabeza en esta entidad, El Cartel de la Federación que hasta hace unos meses, dirigía Guzmán Loera, quien fuera extraditado a los Estados Unidos, el año pasado, donde fue condenado a cadena perpetua, por múltiples delitos, por las autoridades de la DEA del gobierno de Donald Trump.


Más tarde, los titulares de la Sedena, La Marina, y el secretario de Seguridad Pública, no les quedó otra, más que reconocer que el operativo fallido, para capturar a uno de los hijos de El Chapo, fue precipitado y sin ninguna plantación.

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OVIDIO GUZMAN LOPEZ

Triste papelón de las corporaciones encargadas de velar por la seguridad de los mexicanos.


Así pues, la frustrada detención de Ovidio Guzmán, “El Chapito” en Culiacán, al capital de Sinaloa, exhibió con toda su crudeza una cadena de fallas gubernamentales, y también las complicidades de soldados con los propios sicarios en medio de las balaceras registradas en ese lapso de tiempo.


El gobierno federal, a querer o no, admitió, obligado por las circunstancias que el operativo para capturar a El Chapito, que encabezó la Guardia Nacional, tenía como consigna la orden de captura con fines de extradición a los Estados Unidos.


De acuerdo al periódico El Universal, el gobierno federal, ofreció hasta 6 versiones sobre el intento fallido de capturar a Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán y la decisión de dejarlo ir.


Las contradicciones se multiplicaron al por mayor.

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JOAQUIN GUZMAN LOERA

Alfonso Durazo Montaño, el cuestionado secretario de Seguridad, dijo primero que un patrullaje de rutina, derivó en una balacera y la incursión en una vivienda donde estaba el hijo de El Chapo, al día siguiente, el presidente, López Obrador, contradijo a su secretario, al asegurar que se trató de un operativo para cumplir una orden de a aprehensión, pero se abstuvo de decir o admitir, si la petición venia de Estados Unidos.


La balacera del jueves en Culiacán, dejó de acuerdo a los primeros reportes, un saldo de 8 muertos, 16 heridos, 49 reos prófugos, 19 bloqueos, nueve vehículos incendiados, así como ataques a las instalaciones de la Secretaria de Seguridad Pública y del mismo Ejército.


Lo lamentable y cierto es que el jueves entre las 3 de la tarde y las 8 de la noche del pasado jueves 17 de octubre, revelan gravísimas fallas en la inteligencia, la estrategia, la comunicación y la ejecución del gabinete de seguridad.


Pero de que quedaron evidenciados todos, ni duda cabe.


Nunca, se imaginó, AMLO, mucho menos los responsables del gabinete de seguridad, el poder que exhibirían los narcos en cosa de minutos o de horas, para hacer sentir su ley, la ley del más fuerte….para liberar al hijo de El Chapito.


Y hoy, todavía deben de estar festejando la humillación a la que sometieron al gobierno de la 4T.


El punto de inflexión que había bajado la violencia o la inseguridad, que presumía muy orondo con gráficas y datos, Durazo Montaño, durante la conferencia mañanera de apenas el lunes, o sea 3 días después, se fue por el caño.


El argumento de que “la captura de un delincuente no vale la vida de cientos de personas”, sinceramente yo no lo comparto, porque de todos modos los sicarios seguirán ultimando soldados, policías, marinos y ciudadanos, comunes y corrientes.


A guisa de ejemplos, ahí están los casos de Aguililla en Michoacán, de Iguala en Guerrero, que antecedieron a la crisis de Culiacán.


La estrategia en el tema de seguridad le está carcomiendo a pasos agigantados la popularidad al oriundo de Tabasco. Dudo que de seguir así, con su política “de balazos no, abrazos si” le alcance hasta el 2021, cuando estén en juego 15 gubernaturas y la renovación de los 500 diputados federales en la Cámara de Diputados, donde en definitiva se juega la gobernabilidad del régimen de López Obrador.


Ignoro, por cuanto tiempo vaya a aguantar las presiones para que renuncie a su encargo, el nativo de Vabispe, Sonora, Alfonso Durazo Montaño, porque es un hecho que con lo sucedido en Culiacán, selló su suerte, para siempre, porque para nadie será un exceso, decir, que fue instalado en un encargo, que no es acorde a su perfil.


Para estar en ese espacio, se requería un hombre duro, con perfil policiaco, o por lo menos, un funcionario de línea dura, como Alejandro Gertz Manero, o el propio, líder de los senadores de Morena, Ricardo Monreal Ávila, quien además ya fue gobernador de su entidad natal, Zacatecas.


Haber sido secretario particular del inmolado, Luis Donaldo Colosio, y de Vicente Fox, no le dieron las cartas credenciales para haber asumido un puesto tan difícil,


tan caliente, como la de Secretario de Seguridad Pública, en las actuales circunstancias políticas, y sino hay que destacar un dato en materia de seguridad, hasta la fecha en lo que va de este primer año de AMLO, ya se han registrado 23 mil 700 homicidios, más los que se acumulen hasta el 1 de diciembre.


Durazo no tiene la culpa de no dar el ancho, sino quien lo puso ahí, Andrés Manuel López Obrador…

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ALFONSO DURAZO MONTAÑO

Alfonso Durazo Montaño, el cuestionado secretario de Seguridad, dijo primero que un patrullaje de rutina, derivó en una balacera y la incursión en una vivienda donde estaba el hijo de El Chapo, al día siguiente, el presidente, López Obrador, contradijo a su secretario, al asegurar que se trató de un operativo para cumplir una orden de a aprehensión, pero se abstuvo de decir o admitir, si la petición venia de Estados Unidos.


La balacera del jueves en Culiacán, dejó de acuerdo a los primeros reportes, un saldo de 8 muertos, 16 heridos, 49 reos prófugos, 19 bloqueos, nueve vehículos incendiados, así como ataques a las instalaciones de la Secretaria de Seguridad Pública y del mismo Ejército.


Lo lamentable y cierto es que el jueves entre las 3 de la tarde y las 8 de la noche del pasado jueves 17 de octubre, revelan gravísimas fallas en la inteligencia, la estrategia, la comunicación y la ejecución del gabinete de seguridad.


Pero de que quedaron evidenciados todos, ni duda cabe.


Nunca, se imaginó, AMLO, mucho menos los responsables del gabinete de seguridad, el poder que exhibirían los narcos en cosa de minutos o de horas, para hacer sentir su ley, la ley del más fuerte….para liberar al hijo de El Chapito.


Y hoy, todavía deben de estar festejando la humillación a la que sometieron al gobierno de la 4T.


El punto de inflexión que había bajado la violencia o la inseguridad, que presumía muy orondo con gráficas y datos, Durazo Montaño, durante la conferencia mañanera de apenas el lunes, o sea 3 días después, se fue por el caño.


El argumento de que “la captura de un delincuente no vale la vida de cientos de personas”, sinceramente yo no lo comparto, porque de todos modos los sicarios seguirán ultimando soldados, policías, marinos y ciudadanos, comunes y corrientes.


A guisa de ejemplos, ahí están los casos de Aguililla en Michoacán, de Iguala en Guerrero, que antecedieron a la crisis de Culiacán.


La estrategia en el tema de seguridad le está carcomiendo a pasos agigantados la popularidad al oriundo de Tabasco. Dudo que de seguir así, con su política “de balazos no, abrazos si” le alcance hasta el 2021, cuando estén en juego 15 gubernaturas y la renovación de los 500 diputados federales en la Cámara de Diputados, donde en definitiva se juega la gobernabilidad del régimen de López Obrador.


Ignoro, por cuanto tiempo vaya a aguantar las presiones para que renuncie a su encargo, el nativo de Vabispe, Sonora, Alfonso Durazo Montaño, porque es un hecho que con lo sucedido en Culiacán, selló su suerte, para siempre, porque para nadie será un exceso, decir, que fue instalado en un encargo, que no es acorde a su perfil.


Para estar en ese espacio, se requería un hombre duro, con perfil policiaco, o por lo menos, un funcionario de línea dura, como Alejandro Gertz Manero, o el propio, líder de los senadores de Morena, Ricardo Monreal Ávila, quien además ya fue gobernador de su entidad natal, Zacatecas.


Haber sido secretario particular del inmolado, Luis Donaldo Colosio, y de Vicente Fox, no le dieron las cartas credenciales para haber asumido un puesto tan difícil,


tan caliente, como la de Secretario de Seguridad Pública, en las actuales circunstancias políticas, y sino hay que destacar un dato en materia de seguridad, hasta la fecha en lo que va de este primer año de AMLO, ya se han registrado 23 mil 700 homicidios, más los que se acumulen hasta el 1 de diciembre.


Durazo no tiene la culpa de no dar el ancho, sino quien lo puso ahí, Andrés Manuel López Obrador…

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