Fecha: 13-11-16

*Palo al putrefacto, Gabriel Sepúlveda Reyes, en el STJE

*Desactivan refugio de turbios duartistas.

*Marco Quezada, Graciela Ortiz, Javier Garfio y Maurilio

  Ochoa, buscan el PRI estatal.

Por: Juan ANTONIO TORRES
 
 


 

GABRIEL SEPULVEDA REYES

“Machetazo a caballo de espadas” reza un viejo y sabio proverbio popular, y éste, le queda como anillo al dedo, al Magistrado, Gabriel Sepúlveda Reyes, hasta ayer ex titular del Supremo Tribunal de Justicia en el Estado, identificado como uno de los principales testaferros del indiciado ex gobernador, César Horacio Duarte Jáquez, una vez que fue destituido de forma categórica, gracias a las nuevas reformas a la Ley Orgánica del Poder Judicial, que aprobó por mayoría el Congreso del Estado.

Con todo y que había promovido un juicio de amparo para evitar ser inhabilitado como tal, Sepúlveda Reyes, perdió su privilegiado espacio de poder, que le había confeccionado su paisano, el ex gobernador, César Duarte Jáquez, desde diciembre del 2015, una vez que José Miguel Salcido Romero, fue removido a la Secretaria de Educación.

Gabriel Sepúlveda, un personaje por demás turbio, con antecedentes nada limpios, tuvo el gusto de transitar como presidente de esa cuestionada institución apenas 11 meses. Para nadie era un secreto como se operó su llegada al STJ, de ahí que despertó mucha controversia su arribo, pues no tenía, por principio de cuentas el perfil, ni los antecedentes como magistrado. Era un grisáceo abogado, que, gracias a la complicidad, perdón, amistad que tenía con el entonces gobernador, César Duarte, tuvo el gusto de ser diputado local y terminar como “magistrado”.

Contó en su momento con dos requisitos indispensables para formar parte de la banda del ballezano:

Había nacido en la capital del mundo, Hidalgo del Parral, y en segundo lugar, no tenía escrúpulos, mucho menos, valores o principios para operar como le instruyera su amigo y mecenas, sin el menor resquemor, así fuera para desactivar a José Miguel Salcido, a quien ya no le permitieron regresar a su encargo como Magistrado Presidente, para llevar a cabo sus enjuagues sin ningún problema, César y su fiel escudero, Gabriel Sepúlveda.

MIGUEL LATORRE

La inteligente jugada fue operada desde dos frentes; la Secretaria de Gobierno, que encabeza, César Jáuregui Robles, y el coordinador del Congreso local, Miguel Latorre, que se puso en marcha desde el jueves, no solo  para desactivar al turbio, Gabriel Humberto Sepúlveda, sino para suspender el procedimiento de selección de más de 70 jueces estatales, que ya se había iniciado contando con el visto bueno del tristemente  ex Magistrado Presidente, quien era manipulado desde las sombras, desde alguna alcantarilla, por el ex gobernador, César Duarte.

CESAR JAUREGUI

Quien ya no da la cara para defenderse, por supuesto, de lo indefendible.

El ballezano ya estaba listo para ungir como jueces, a los hijos del ex fiscal, Jorge González Nicolás, y Enrique Villarreal Macías. Un hijo del actual jefe de la policía municipal en Ciudad Juárez, es el novio de una de sus hijas gemelas. Huelen pues, a consuegros.  Apestan a podredumbre los dos.

Lamentable, que el Supremo Tribunal en el sexenio pasado, fuera pisoteado como nunca antes por las acciones del ex titular del Ejecutivo estatal, quien convirtiera dicha institución, en una sucursal del gobierno estatal, que le dio cabida a sus incondicionales, estuvieran estos identificados con el PAN, como los casos de Luis Villegas Montes, “La Chupitos” y Rafael Quintana, o con el PRI, como, Jorge Ramírez Alvidrez- uno de los efebos preferidos de Duarte- Filiberto Terrazas, José Alfredo Fierro Beltrán, sin olvidar al propio, Gabriel Sepúlveda,

Duarte, se dio el gusto no solo de poner a sus “cuates” o sus efebos, en dicha instancia, sino también quitar a los que no llenaban el perfil o su refinado gusto.

Así pues, le hizo la vida imposible a quienes no estaban en su ánimo o en sus apetitos, como, Javier Ramírez Benítez, luego lo sustituyó con José Alberto Vázquez Quintero, que duró un suspiro como tal. Enseguida impuso a José Miguel Salcido Romero, y por último a Sepúlveda Reyes. En el caso particular de Salcido Romero, a pesar de que por ley estaba impedido, “le confeccionó un traje a la medida” para instalarlo en lo más alto del Supremo Tribunal, aunque a los pocos meses, cayera de su gracia, por no prestarse a ciertas componendas. Ya tenía listo a su remplazo.

Hizo lo que quiso, César Duarte, no solo con el STJE, sino con todas las instancias de gobierno, así fuera el Congreso, las alcaldías, las universidades, no se diga las uniones ganaderas. Donde quiera estaba “la mano negra” del ex gobernador, para demostrarles a propios y extraños, que “el poder era para poder, no para no poder”.

No contaba con varios factores que le echarían a perder sus burdas y grotescas maniobras: perdería las elecciones su delfín predilecto, Enrique Serrano, desde ahí, se le caería todo el entramado que había tejido, al amparo de los excesos del poder. Este golpe, desmantela, una instancia de poder por demás importante para quitar a todos los magistrados ungidos por la complicidad que mantenían con César Duarte, antes que por méritos propios, o una trayectoria sustentada en la impartición y procuración de justicia.

Por desgracia, el STJE se había convertido en una sucursal de la podredumbre que emanaba del ex gobernador, donde lo que menos importaba entre sus integrantes, era la ética, la moralidad y la transparencia, sino todo lo contrario.

Nuevos vientos soplan en la citada institución, con la llegada de personajes que traen otra clase de perfiles. Tienen experiencia, y lo más importante es que cuentan en su haber con una buena fama pública, como es el caso de Julio César Jiménez Castro, quien ya definió su forma de trabajar; dejar de lado todos los actos protocolarios, que se realizaban con el poder legislativo y el ejecutivo para avocarse a la función jurisdiccional, a solicitar respeto a la división de poderes, y tratar de crear un poder judicial independiente, sustentado en la constitucionalidad, para impedir las intromisiones que pudieran venir tanto de órganos públicos como privados..

POSDATA...

Mire usted cómo se las gastan los priistas que no tienen madre, o que, en su defecto, tienen como carta de presentación, el cinismo, el desparpajo. Le doy nombres y apellidos de los tristes personeros que se quieren sacrificar por llegar al PRI estatal. La senadora por la vía plurinominal- ¿acaso conoce otra vía? - Graciela Ortiz González, anda promoviendo a otro ex diputado pluri, Omar Bazán Flores, uno de los efebos predilectos de Manlio Fabio Beltrones, para que sustituya a Guillermo Dowell. En ese grupúsculo anda moviéndose el doctor, Rubén Morales. Por supuesto, que “El Chocolate” Mendoza, anda en esa misma pista. Si se los quiere topar en sus reuniones de mucho mundo, se los va a encontrar en el Hotel Cooper Canyon, propiedad del ex gobernador de Sonora.

GRACIELA ORTIZ

El truculento ex edil de Chihuahua, Javier Garfio Pacheco, quien desde luego trae la bendición del ex gobernador, César Duarte, y de Enrique Serrano, trae entre sus seguidores al borrachín de Marcelo Flores, obvio a su esposa, Liz Aguilera, también a Adriana Terrazas Porras, la dama que le encantan las mujeres, y no olvide a Andrés Pérez Howlett, el actual líder del comité municipal del PRI. Ellos suelen juntarse en La Cebolla Roja, propiedad del ex oficial mayor en los tiempos de Gustavo Ramos Becerra. Maurilio Ochoa, quien también se siente con los méritos para pelear por la silla que todavía tiene, Dowell, trae como su lamebotas a Fermín Ordóñez. Se reúnen a urdir golpeteos en el café, Punta de Cielo. Desde luego, el otro ex edil de Chihuahua, Marco Quezada, quien anda movido promoviendo a su ex jefe de la policía, Heliodoro Araiza, también traen como operadora de sus reuniones a Teporaka Romero del Hierro, la hija del truculento, Raymundo Romero Maldonado, el mismo a quien en el bajo mundo se le conoce, como “La Colorina” desde que éste le dio alojamiento en su casa a César Duarte, cuando era un Don Nadie. No por nada, lo hizo secretario de gobierno, recordando viejos, pero “muy bellos tiempos” … dejaron hecho garras lo que queda del otrora partidazo, y todavía así no se detienen. Creen que Enrique Ochoa Reza, no sabe la clase de ratas peludas que andan queriendo repartirse lo que queda del partidazo.                                               

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